Recorriendo el Laberinto



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Recorriendo el Laberinto

Por una cuestión de tamaño sólo muestro dos cuentos de los veintiuno que comprenden el libro.


Son todos cuentos cortos y espero que disfruten lo suficiente como para animarse a leer el libro entero.


Para el que desee leer el libro completo, se puede descargar del siguiente enlace.(formato PDF 600Kb aprox)


¡Ya hay una versión MOBI (Kindle)! La pueden descargar del siguiente enlace.(1Mb aprox)


¡Y ahora también hay una versión EPUB! La pueden descargar del siguiente enlace.(150K aprox)
(Gracias al amigo de la casa, el Sr. Martín Pablo Gavilán. O como lo conocemos en el ciberespacio @uxigadur)


Obviamente, para el que quiera tenerlo en sus manos a la vieja usanza (o sea, en papel impreso, con tapa a color y todo) me lo puede hacer saber vía mail.



Si desea leer más, lo invito a pasar por mi blog.

Por él

El día está soleado. Es hermoso ver como el sol brilla sobre los árboles.

Estoy caminando por el parque. A mi lado va caminando torpemente mi hijo. Es pequeño aún, y es gracioso ver como intenta coordinar sus pequeños piecitos. Admito un sentimiento de orgullo por él; me hace inmensamente feliz.

Cada tanto me mira, y una sonrisa se forma automáticamente en la boca de ambos.

Soy feliz. Es difícil expresar las sensaciones que produce un hijo en un padre… Pero soy feliz.

En un momento se aleja de mí y comienza a caminar solo. No es la primera vez que lo hace. Yo me detengo y lo observo alejarse unos metros con su andar rapidito y medio bamboleante.

Una mariposa llama su atención, y lo escucho reír con la risa de la novedad, del descubrimiento de un mundo maravilloso. Yo, absorto en mi felicidad y en la suya, solo puedo pensar en cómo esa pequeña cosita cambio mi vida, cómo me miró por primera vez, y el primer contacto de nuestras manos.

Un ruido ensordecedor, como un trueno, muy cercano, me saca de mis pensamientos. Una sensación de escalofrío recorre por todo mi cuerpo y siento tensión en mi piel.

Busco rápidamente a mi hijo, pero no lo veo por ningún lado. Ahora sí que siento el miedo, y mis sentidos se atrofian ante la desesperación.

Finalmente lo veo en el suelo, a quince metros delante mío, detrás de unos arbustos. Corro, corro desesperadamente, corro como nunca lo hice en mi vida.

Mi hijo yace en el suelo, muerto.

Otro trueno se escucha en todo el cielo, y un dolor desgarrador se apodera de mi pierna derecha. Caigo retorciéndome, con los ojos nublados por las lágrimas.

Los veo acercarse y aún no lo creo.

Seres de otro mundo. Son seres de otro mundo. Uno siempre escucha historias como ésta, pero realmente jamás las creí hasta éste momento.

Son horribles: Su cuerpo lampiño y esos ojos inexpresivos… ¡Los odio! Mi hijo, ellos le hicieron… ¡Lo mataron!

¡Grito con todas mis fuerzas que los voy a matar a todos! Pero solo logro divertirlos.

¿Por qué no me mataron a mí?

De pronto siento que mi vista se nubla y un manto gris se va apoderando poco a poco de mí. A último momento, veo que mi hijo mueve su mano: ¡Está vivo!

Los malditos me llevan arrastrando. No opongo resistencia. Mi hijo está vivo y ellos no se dieron cuenta. Si me llevan a mí, se olvidaran de él.

Ése fue mi último pensamiento, y esa fue la última vez que vi a mi hijo.

Me despierto en una jaula, con un sabor extraño en la boca y un agudo dolor en todo el cuerpo.

Afuera está lleno de esas horribles criaturas que me miran con esos ojos inexpresivos y caminan de aquí para allá. Dos de ellos se paran delante de mi jaula y, el más bajo, le dice al otro algo en su lengua; algo que no entiendo.

¿Que significará “Mirá mama, se despertó el leoncito.”?

FIN

Elección

Mis ojos se abrieron con la pesadumbre de la mañana. El sol me daba directamente en los ojos


– ¡Amor! ¿Por qué abriste las cortinas?

– Perdón señor, el nivel de luminiscencia será graduado para su comodidad al instante.


La voz era suave, pero monótona. De todas formas tardé unos segundos en que me llamara la atención. Cuando logré abrir finalmente los ojos, una máscara metálica a pocos centímetros de mi cara me “miraba” fijamente.

Pegué un grito (admito que quizás demasiado agudo y alejado de lo varonil) pero al levantarme tan rápidamente no vi que el espacio donde estaba recostado era pequeño, y mi cabeza golpeo fuertemente contra un muro. Dolió mucho.


– ¿Se encuentra usted bien? –La misma voz monótona pero servicial de antes.

– Si, si… Gracias –Mentí

– En cuanto se sienta mejor, avíseme, y dispondremos para usted los servicios pre solicitados.

– ¿De qué está hablando?


En cuanto terminé de decir eso, me di cuenta que le estaba hablando a un robot de forma humanoide. Sin embargo, creo que me generó más dudas pensar si tenía que tratarlo de “usted” o como un objeto que el hecho de que era un robot.


– Es normal que se sienta desorientado. Ahora lo llevaré a la sala de recreación.


Las piernas me tiemblan, pero el fuerte brazo del androide me sirve de sostén. En el breve lapso del traslado observo todo con asombro.


– ¿En qué año estamos?

– Dos mil seis, Señor.

– No puede ser…

– Esa es la fecha de la cual acaba de despertar, fue preseleccionada por usted mismo Señor.

– No, no me refiero a esa fecha que ya la sé… Sino a la fecha real, a la de ahora.

– Eso sería entonces el año quince mil novecientos treinta y dos señor, de acuerdo a la antigua costumbre de contabilizarlo a partir de un hecho no determinado e incorrecto como el nacimiento de un profeta religioso.


Wau… El futuro. Estoy en el futuro: El sueño de todo nerd fanático de la ciencia ficción. Sin dejar de mirar todo lo que me rodea, no puedo evitar sonreír y tomar notas mentales:

a) Es tan metálico como se pensaba

b) Hay robots, pero no son tan humanos como se pensaba (al menos éste)

c) No hay teletransportadores (¿o no estarán disponibles?)

d) No hay razones para pensar que hicimos contacto con otros planetas, porque no vi ningún extraterrestre…


Ahora que lo pienso, aún no vi a nadie, ni siquiera sé si estoy en la Tierra.


– ¿Dónde estamos?

– En el área B-38 Señor.

– No, me refiero a si estamos en la Tierra.

– No. Nos encontramos en Gamma Óptimus, un planeta artificial. La Tierra es hoy en día un lugar sin vida, muy parecido al concepto que usted debe tener sobre las cloacas. Llegamos Señor.


La puerta se abre sin producir sonido alguno. La habitación es color bordó, y hay en el centro un sillón que no se ve realmente muy cómodo. El androide me lleva y me ayuda a acomodarme. Él se queda parado a mi lado.

Una voz, que parece venir de todos lados, dice:


– Bienvenido al programa de selección. A continuación le haremos unas breves preguntas para que usted, rápidamente, pueda disfrutar nuevamente de su elección preferida. ¿A qué género desea pertenecer?


Después de unos segundos escucho una voz a mi lado


– Tiene que responder señor –Era el androide.

– ¿Responder qué?

– Si desea ser hombre o mujer.

– Pero… Soy hombre –Instintivamente llevo mi mano para asegurarme que todo esté en su lugar y respiro aliviado al comprobarlo.

– Usted a elegido “Hombre”. –La voz retumba en todo el lugar– ¿Qué raza prefiere? Recuerde que tiene la posibilidad de la improbabilidad, donde aleatoriamente se le asignará una.

– ¿De qué está hablando?


Al unísono, la voz de la habitación y el androide me responden


– Este es el programa de selección de personalidad, donde mediante preguntas simples usted podrá seleccionar su propia vida virtual. ¿Desea ser un pirata? ¿O quizás un conde? Todo es posible, sólo debe seleccionarlo y dedicarse a vivir su propia vida.

– Pero yo no quiero volver a la cosa de dormir, yo quiero ver el futuro. Quiero recorrer el mundo o lo que sea esto.

– Selección no computable, por favor, vuelva a intentar –Dijo la voz de la habitación.

– ¡Que no quiero irme a la cuna! Quiero ver las cosas que hay acá.

– Eso es imposible señor –Esta vez fue el androide el que hablo– Todos los seres de esta unidad están en las cápsulas. Ha sido así por miles de años.

– ¿Cuales de las seis palabras no están en tu sistema?

– Disculpe si no le entiendo Señor.

– NO-QUIERO-IRME-A-LA-CUNA –Digo remarcando con mis dedos cada una de las palabras– ¿Cuál no entendés?


Un silbido agudo me lastima los oídos, intento tapármelos pero no logro moverme.


– Selección de improbabilidad activada.


¡Que no! Quiero gritar, pero mi cuerpo no me responde. Sólo puedo ver como una especie de imagen de televisión hace “zapping” rápidamente. Me estoy esforzando tanto en gritar que no veo donde se detiene.

El androide me sube a una camilla y me lleva de regreso por el mismo camino. En todo ese tiempo yo sigo intentando gritar, pedir auxilio, algo.

Finalmente todo queda sumergido en la oscuridad.

Mis ojos se abren lentamente. El sol me da directamente en los ojos. Una mano, que esta agarrada a la mía me hace una caricia.


– Al fin nos despertamos ¿No?


Me lleva un tiempo entender todo, cuando logro sacar el sol de mis ojos, observo ante mí el mar más hermoso que jamás vi. De verdes aguas y olas tranquilas. Bajo mis pies la arena más blanca y junto a mí, el hombre que me habla.

Pego un salto alejándome de él.


– ¿Qué pasa mi amor? –Me dice con una voz que supongo intenta ser tierna o dulce.


No-no-no-no-no. Incluso antes de comprobarlo, lo sé. Lentamente bajo la vista y miro mi cuerpo. Frente a mí encuentro un par de tetas enormes, agarradas por una diminuta bikini.


– ¡Dios! ¡Tengo tetas! –No puedo evitar decir.

– Y debo decir que son hermosas y me encantan –Me dice el… Tipo.


Le iba a responder todo el diccionario de puteadas que me conocía. Pero eso no sucedió, es más, nada sucedió. Nunca más.

Sentí como mi rostro se ponía colorado por la vergüenza. Lo miro a los ojos y extendiéndole la mano le digo:


– ¿Vamos de vuelta al agua?


Sonríe y se para de un salto. Me toma de la mano y los dos vamos corriendo hacia aquel hermoso mar…

Y yo sólo puedo pensar en lo afortunada que soy al haber encontrado a un hombre que me haga sentir la chica más feliz.

FIN