Helio



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Helio

Según Pato, (@ElPatoAlvarez_) este proyecto se puede llamar "lectura de bondi" y la verdad me gusta.

La idea era acercar historias que se pudieran leer rápido (ya que todos nos encontramos inmersos en esta vida agitada). Después de charlar un rato quedamos en que sería una historia contada cada quince días, como una especie de serie que continuaba en cada capítulo.

El primer capítulo "Gabriela" se publicó el 17 de Octubre del 2017 en la web de Cuatro Bastardos. Asimismo, el último capítulo "Un nuevo mundo" se publicó el 25 de mayo del 2018.

A mi me sirvió para contar una historia que era demasiado larga para un cuento. Espero, algún día, seguir trabajándola lo suficiente como para lanzarme a intentar escribirla en formato novela.


Para bien o para mal, este fue el resultado: Helio



Espero que lo disfruten.


AVISO: Las historias incluyen, en su mayoría, contenido sensible.


Capítulo 1 - Gabriela

En el fondo lo sabía: No tendría que haberse quedado a esperar al profesor. Pero también sabía que necesitaba hacerle esas preguntas. El examen de Química Aplicada se estaba acercando peligrosamente, y no sabía cuándo tendría la oportunidad de tener a su docente tan disponible.

El lado negativo, para su pesar, era que ahora debía recorrer el camino entre los bloques de edificios sola. de noche. La zona en que se encontraba el campus de la universidad no era de las mejores de la ciudad, pero el terreno que el gobierno les había cedido era prácticamente gratuito, y no había posibilidad de que se negaran a aceptarlo. Obviamente, nadie de la junta directiva hizo público el hecho de que las napas de agua del predio estaban altamente contaminadas y cuando llovía tendían a formarse unas piletas enormes de agua con un olor bastante desagradable.

Por suerte esa noche no llovía, pero esa era la menor de las preocupaciones de Gabriela. El personal de seguridad que custodiaba la entrada al campus le había contado, en más de una ocasión, como algunos de los muchachos de los bloques de edificios aprovechaban la oportunidad para hacerse de un dinero extra. Sabían que los estudiantes andaban con computadoras portátiles o, en el peor de los casos, calculadoras científicas bastante avanzadas.

El camino entre los edificios era de tan sólo dos cuadras, pero la iluminación escasa no ayudaba a calmar los nervios de Gabriela, que observaba a un posible agresor en cada sombra y rincón.

A mitad de camino, creyó escuchar a su espalda unos pasos que la seguían de cerca. Juntando coraje se volteó y aliviada constató que no había nadie. Creyendo que sus sentidos le estaban jugando una mala pasada, respiró hondo y siguió caminando hacia la iluminada parada de colectivo que la esperaba en la avenida del otro lado.

No había caminado dos metros que un muchacho salió del edificio a su derecha. Caminaba sin preocuparse y, lo más importante: Sin prestarle a ella la menor atención. Por unos segundos Gabriela contempló la posibilidad de seguirlo de cerca y obtener así una especie de compañía hasta que llegara a la parada del colectivo. Cuando el muchacho terminó la angosta senda que separaba a su edificio del camino principal, miró hacia ambos lados y encaminó hacia la dirección de Gabriela. Ella, tras tragar saliva, se repitió una y otra vez que nada iba a pasarle, que nada tenía que pasarle y que por favor que nada le pase.

Pocos metros los separaban cuando el muchacho se palpó los bolsillos y se detuvo en seco. Levantó la cabeza y miró fijamente a Gabriela.


-Disculpame ¿Por casualidad no tendrás fuego, no?

-No, no fumo -maldijo que su voz demostrara lo nerviosa que estaba.

-Lástima. -se sacó el cigarrillo de la boca y lo colocó sobre la oreja derecha- ¿Hora tenes? Disculpá que te moleste tanto.


Helio



Hacía rato que Gabriela no usaba reloj de pulsera, le molestaban y se le enganchaban continuamente con la manga de la ropa que tuviera puesta, así que en cuanto pudo se deshizo del suyo. Cuando necesitaba saber la hora, como en ese momento, acudía a su celular. Sin dejar de caminar y, evidentemente como un movimiento que hacía sin pensar, sacó su teléfono del bolsillo.


-Son las 23:30 -en ese momento entendió que a ese muchacho no le importaba en absoluto saber la hora, sólo quería saber que clase de celular tenía.


Sin decir nada más Gabriela empezó a correr y escuchó los pasos de su atacante siguiéndola de cerca. Pasó por la puerta de entrada del edificio de la derecha, mal iluminado y totalmente vacío. Antes de llegar al siguiente bloque vio, por el espacio que quedaba entre las torres, un patrullero que estaba estacionado en la calle aledaña. Sin dudarlo ni una vez, giró por el oscuro camino y con terror observó como el patrullero prendía la sirena y salía muy rápido a atender un llamado. Gabriela gritó con todas sus fuerzas pidiendo ayuda, pero el ruido de la sirena policial hizo imposible que la escucharan. Siguió corriendo, quizás pasara un auto y el muchacho desistiría, pero el pensamiento no terminó de formarse en su mente que notó una malla de alambre que le impedía seguir.

Rendida a su destino se dio media vuelta para enfrentar a su agresor y terminar con eso cuanto antes. El muchacho no estaba muy lejos y por primera vez Gabriela notó que, a pesar del tamaño físico de su atacante, él era realmente joven.


-Acá tenes mi celular -intentó sonar valerosa mientras extendía su mano.


El muchacho no dijo nada, simplemente llevó la mano hacia atrás de su cuerpo, y al volver lo hacía con un revolver de pequeño calibre.

Gabriela se quedó paralizada del terror, sus piernas no respondían y lo único que su instinto le obligó hacer fue cerrar los ojos y poner cara de miedo. El muchacho, que estaba ya a pocos pasos, le gritó con fuerza en la cara. Gabriela se cubrió la cabeza y se agachó presa del más completo terror. El grito se fue haciendo cada vez más débil, hasta que le costó escucharlo.

Pasaron unos segundos interminables y nada sucedió. Finalmente Gabriela se animó a moverse y espió entre sus brazos. Para su sorpresa se encontraba absolutamente sola.

Lentamente se puso de pie, guardó el celular en su bolsillo y corrió la cuadra que le quedaba hasta llegar a la avenida y la protección de las potentes luces.

Varios pisos más arriba, un atónito muchacho se elevaba hacia el cielo completamente paralizado por el miedo.


Helio



Continuará...

Capítulo 2 - Ramón

Se observó en el espejo, entornó sus ojos para ver a través del sueño (ya que eran las cinco y media de la mañana) y el vapor que aún quedaba del baño que se había dado minutos antes.

Ramón no estaba del todo contento con su vida. Si bien tenía una familia, su relación con ellos se basaba más en reproches y en la búsqueda constante de qué recriminarse a continuación.

Esa mañana, como tantas otras, se encontraba mirando fijamente la afilada hoja de la máquina de afeitar. En el fondo sabía que no iba a hacer nada, era muy cobarde para eso. De la misma forma que no se animaba a recuperar su autoestima. Simplemente era mucho trabajo, y el sólo pensar en todo lo que le costaría. Era mejor seguir sufriendo en silencio. Al menos eso ya sabía como se siente.

Se vistió silenciosamente en la oscuridad para no despertar a nadie y, como todas las mañanas, salió de su casa sin hacer un sólo ruido. Afuera no hacía realmente frío, pero el viento de la mañana podía ser engañoso. Apenas llegó a la esquina, su colectivo apareció a lo lejos. Ese simple hecho le sacó una sonrisa; estaba acostumbrado a esperarlo un largo rato, a veces incluso más de una hora. Quizás, después de todo, ese sería un buen día.

El colectivo de la línea 15 entró a la autopista dirección al norte. Eran las 8:03 de la mañana, y hacía ya dos horas que estaba viajando. Ramón tragó saliva después de mirar, por quinta vez consecutiva, su reloj pulsera. No le gustaba llegar tarde al trabajo, pero tampoco podía prever el tráfico de la ciudad, o las calles que se cortaron para asfaltar porque se acercaban unas elecciones de vaya uno a saber qué. Ramón pegaba la frente contra el frío vidrio lateral, intentando mentalmente acelerar el paso del transporte público. Sabía que era inútil, pero con intentarlo no perdía nada.

Finalmente pasó su ficha de ingreso a las 8:27. Su jefe tardaría aproximadamente unos doce minutos en notar su atraso y lo mandaría a llamar, le explicaría nuevamente lo necesario que era el cumplimiento de los horarios y varias cosas más que repetía cual disco rayado. Pero cuando entró en las oficinas no había nadie: El lugar estaba desierto.


Helio



Ramón volvió a bajar las escaleras y fue a la planta de armado: Las carrocerías de los autos estaban ahí, a medio armar, pero no había nadie operando las máquinas.


-¿Hola? -se atrevió a preguntar rompiendo el silencio del lugar.


No hubo respuesta y, por unos segundos, empezó a notar como una especie de pánico crecía en él. Por suerte uno de los portones que daban afuera se abrió rápidamente y un ingeniero de calidad entró corriendo. Ramón fue a su encuentro sin que éste hubiera reparado siquiera en él.


-Disculpe ¿Puede decirme qué es lo que está ocurriendo? ¿Dónde están todos? -el hombre lo miró extrañado.

-¿No se enteró lo que está pasando en la playa de vehículos terminados? -Ramón sólo atinó a mover negativamente la cabeza- No se lo pierda, yo entré a buscar la cámara de fotos, es increíble.


Y sin decir nada más, siguió corriendo hacia las oficinas. Ramón caminó en sentido contrario, hacia el portón por donde el ingeniero había entrado. En cuanto salió al exterior el cambio de luminosidad lo dejó ciego por un segundo, hasta que sus ojos se adaptaron nuevamente.

El espectáculo que observó estaba más allá de lo que jamás hubiera imaginado: Toda la flota de camionetas terminadas estaba flotando en el aire a una altura de entre veinte y cincuenta metros ¡Así, como si nada!

Toda la gente de la fábrica, que se encontraba agrupada en la parte trasera de la planta (y que había llegado al lugar antes que él) ya se había acostumbrado al espectáculo. La mayoría estaba hablando por teléfono con familiares, radios locales o incluso algunos de los gerentes estaban siendo entrevistados por canales de noticias. Lo real es que nadie sabía que había pasado o por que.


-¡Eh, Ramón! ¡Llegaste! -le gritó alguien a su izquierda.

-Javi -reconoció instantáneamente a su compañero de escritorio- ¿Qué.? ¿Qué está pasando?

-Nadie tiene idea, simplemente... Flotan.

-¿Pero pasó algo? ¿Alguien vio como empezó?

-Ya escuché como tres versiones diferentes y, sinceramente, una es más ridícula que la otra.

-Pero esto tiene que tener una explicación.

-Sinceramente, eso espero Ramoncito.


Los más aventureros empezaron a caminar por la playa de estacionamiento vacía, sin dejar de mirar hacia arriba. Hacia el techo increíble de camionetas flotando sobre sus cabezas. Se sacaban algunas fotos y volvían rápidamente a salir.

No había pasado media hora que todos los canales de televisión estaban en el lugar transmitiendo en vivo.

El celular de Ramón vibró en su bolsillo, sacó el aparato y en el display figuraba el número de su propia casa.


-Hola amor -atendió disimuladamente.

-Estoy mirando el noticiero. ¿Qué es todo eso?

-¿La verdad? Nadie tiene idea.

-¿Pero no es peligroso? ¿No hay algún tipo de radiación? -aquello no se le había ocurrido a Ramón, pero lo descartó rápidamente ya que en la planta no había materiales radioactivos.

-No te preocupes, en serio. Sé lo mismo que vos.

-¡Ahí te veo! ¡Estas saliendo en la tele! -la alegría que tenía su mujer en la voz lo conmovió.


Pero pronto se le ocurrió que tal estado se debía seguramente a ver a alguien conocido en pantalla, ya que realmente amaba más a la televisión que a él. ¿Por qué se hacía eso? ¿Por qué siempre buscaba un motivo para sentirse menos?


-¡Saludá tonto! ¡Así todos te ven! -le indicó la voz en el celular. Y él saludó.


Helio



El noticiero mostraba una toma de las camionetas suspendidas varios metros en el aire, mientras un reportero describía lo indescriptible. A lo lejos, pero reconocible en la pantalla, se encontraba Ramón saludando cuando el efecto mágico se apagó, como si alguien hubiera bajado un interruptor. Los cientos de vehículos cayeron pesadamente sobre el pavimento sin previo aviso, y la mujer de Ramón observó en transmisión directa cómo su marido desaparecía bajo una tonelada de acero en menos de un segundo.

El reportero en pantalla gritaba, pero ella ya no escuchaba. Apenas oía el tono de ocupado del teléfono que tenía en su mano.



Continuará...

Capítulo 3 - El robo

La puerta se cerró sin el menor ruido. Eso llamó la atención de Miguel, el hombre que acababa de entrar. De todas formas se quedó mirando la puerta de vidrio esperando una confirmación sonora que nunca llegó. Miguel se acomodó la corbata y observó la fila tenía que hacer para pedir su crédito inmobiliario.

Una gota de sudor escapó de su frente y llegó rápidamente a su nariz. Odiaba los bancos, lo que representaban y ,por sobre todo, odiaba tener que pedirles plata; pero esa era la única forma legal de conseguir el dinero que necesitaba para lanzar su propia marca de comida orgánica. "No es venderse, es hacer lo necesario" se repetía una y otra vez.

Una señora mayor que estaba en una de las filas para las cajas soltó de pronto su cartera y se tomó la cara con horror. Varios la miraron y voltearon para observar qué era lo que había llamado su atención. Pronto, todo el banco estaba mirando en dirección a Miguel. Él tragó saliva y carraspeó, hasta que alguien señaló muy lentamente hacia algo que había detrás de él. Se dio vuelta muy despacio para encontrarse con dos personas totalmente vestidas de negro, enmascarados y extrañas armas en sus manos.


-¡TODOS AL PISO, CARAJO! -el grito retumbó en las paredes de mármol haciendo la orden más imperativa.


Todos, Miguel incluso, obedecieron al instante.


-Muy bien señoras y señores, esto es como en las películas: nosotros retiramos el dinero y, si nadie se hace el vivo, todos quedan con los pies en la tierra -dijo la mujer dando órdenes mientras activó su arma- Exacto, esta preciosura los manda a volar como ya vieron en la televisión. Yo les aconsejo que no nos prueben.


Helio



La mujer se pasó detrás del mostrador y comenzó a vaciar las cajas.

Un recién llegado guardia de seguridad entró al hall del banco y tardó un segundo en entender lo que estaba pasando. Para su desgracia los ladrones fueron más rápidos, y el que estaba vigilando a los rehenes le descargó un fuerte golpe con la culata del arma en la mandíbula. Casi se pudo escuchar el hueso rompiéndose mientras el custodio caía desmallado.

El agresor apuntó su arma al guardia noqueado y estaba a punto de apretar el gatillo, cuando la que evidentemente comandaba la operación, le gritó.


-Ese ya no molesta más. No es necesario mandarlo para arriba.

-¿Estás segura? No tengo problemas en que haya un policía menos.

-Guardá las municiones.


El corpulento ladrón bajó su arma y volvió a su puesto. Nadie más se atrevió a moverse. Exactamente veinte segundos después, los dos ladrones salían por una puerta trasera, donde un auto los esperaba.


-Que bien se sintió golpear al custodio ese.

-Premio de la academia para mi Euge -la mujer que dirigió todo lo besó en la boca- Te pasaste con la amenaza de hacerlo volar.

-Me enseñaste bien.


El conductor, un senegalés nervioso con un marcado acento, interrumpió el momento.


-¿Cuantos bolsos pudimos llenar?

-Cuatro, cinco. ¡Seis bolsos repletos de billetes!


Todos festejaron y rieron.

Treinta minutos después cruzaron el riachuelo, y a las pocas cuadras entraron en la zona fabril del sur. El auto se detuvo frente a un galpón sin ningún tipo de identificación. Eugenio se bajó del asiento trasero y abrió el candado del portón. Esperó pacientemente hasta que el auto entrara, y cerró la puerta detrás de sí.

La mujer y el conductor bajaron del auto y, sin descargar su botín, caminaron hacia la oficina que había en el extremo opuesto del galpón. Adentro, un adolescente de pelo largo teñido de color azul, miraba la televisión cambiando de canal cada pocos segundos.


-Les fue bien -comentó sin darse vuelta.

-¿Todavía nada en los noticieros? -preguntó aliviada la jefa.

-Nada, todos hablan de un edificio entero que levitó en Madrid.


Nuevamente fue el senegalés que interrumpió el momento.


-Lo que yo no termino de entender es como pueden robar un banco con armas de juguete.

-¿No estás viendo la televisión? -señaló Eugenio- Hay histeria por las levitaciones. Nadie puede explicarlo.

-.Pero todos le tienen miedo -terminó de decir la mujer.


Afuera se escuchó un ruido extraño. La mujer hizo señales al resto para que la sigan en silencio. El adolescente puso la televisión en mute sin apartar los ojos de la pantalla.

Eugenio se paró contra la pared al lado de la puerta, arma -real- en mano.

-¿Como nos encontraron? ¿Billetes marcados radioactivamente?


La mujer miró al conductor como si quisiera matarlo con la mirada. Moviéndose muy lentamente volvió a indicarle que se calle. El hombre se mordió el labio inferior.

Un nuevo ruido en el galpón, mucho más fuerte que el anterior, hizo que se pongan en marcha. Eugenio abrió la puerta de un tirón y los tres ladrones salieron, armas en mano, para enfrentarse a lo que pensaron que iba a ser la policía.


El galpón estaba completamente vacío.

Una chapa cayó de la nada, y eso les hizo mirar el gran agujero que había en el techo.


-¿Dónde.?¿Dónde está mi auto?


Eugenio señaló hacia arriba


Helio



-¡MIERDA! ¡CARAJO! -el conductor comenzó a patear todo lo que tenía a su alcance.


La jefa corrió hacia la oficina y volvió resignada.


-No habíamos sacado los bolsos del auto.


Nadie dijo nada más. Solo se quedaron mirando el agujero enorme en el techo, donde faltaban un par de chapas.



Continuará...

Capítulo 4 - Gustavo

Los viernes eran su día para salir; aunque, debido a los últimos cambios económicos, estaban saliendo viernes por medio. Las veces que se quedaban en casa tenían su cena romántica, pero con el inconveniente de que debían cocinar y después lavar los platos. Pero éste no era uno de esos viernes, era viernes de salida. Gustavo y su novia eligieron ir al cine, que era algo que lo apasionaba.

La película no les agradó del todo, pero fue entretenida. Marcela tenía en su falda una gran cantidad del pochoclo que había en el balde con el que entraron a la sala. Estuvo dos cuadras intentando sacárselo, pero parecía que siempre había uno más. Finalmente se resignó y se dispuso mentalmente a que no la afecte.


-¿Viste lo que pasó en Madrid la semana pasada? -la pregunta de Gustavo le sorprendió.

-No sé si es un tema que quiero tocar en nuestra salida. es... deprimente.

-Lo sé, pero me quedé pensando ¿Natalia no vivía en Madrid?

-Ya no. Se mudó a Valencia en Septiembre del año pasado.

-¿Se peleó con Rafa?

-No, ella consiguió un mejor trabajo en Valencia. Por eso se mudaron.

-Bueno, mejor. Que suerte.


Marcela lo abrazó. Sabía a que se refería: Estaban acostumbrados a que los medios de comunicación quisieran infundir el pánico con titulares del estilo "Cae la bolsa de comercio en algún lado" o "Masacre en tal otro lugar", pero últimamente no estaban teniendo sentido. Como la noticia que comentaba Gustavo, de que un edificio se había quebrado de alguna forma inexplicable entre el primer y segundo piso. Pero lo increíble fue que en lugar de caer, comenzó a elevarse con todas las familias adentro. Doce pisos tenía el edificio. Seis departamentos por piso. Sesenta familias. Aproximadamente doscientas cuarenta personas entre adultos y niños.

Marcela sacudió la cabeza para sacarse esa imagen de la mente. Justamente por eso no quería tocar el tema esa noche. Le daba náuseas pensar en esa gente, especialmente en los niños. Cerró los ojos fuertemente y se repitió varias veces que tenía que calmarse.

Gustavo le tiró del brazo. Pensó que era para esquivar un pozo, o algo por el estilo, pero cuando abrió los ojos nuevamente vio, con terror, que su novio estaba cabeza abajo a metro y medio del suelo.


-Por favor, no me sueltes -le suplicó él.


Ella se aferró lo más fuerte que pudo, pero aquella fuerza también comenzaba a levantarla. Gustavo se dio cuenta de eso.


-Te amo. Nunca olvides eso -acto seguido se soltó.


Helio



Marcela cayó unos pocos centímetros y se quedó mirando con pánico como se elevaba lentamente.

Gustavo intentó sonreírle, pero no supo si logró mover los labios lo necesario. Se sorprendió lo calmado que se sentía mientras contemplaba a la masa de gente que se había congregado para observarlo, filmarlo o ambas.

Los edificios más chicos comenzaron a quedar debajo y Gustavo revisó si alguna de las edificaciones más altas tenían algún saliente del cual aferrarse. Lamentablemente no vio ninguno.

Treinta segundos después ya había ascendido más que cualquiera de los edificios que veía y se puso a contemplar las intricadas variaciones de pulmones de manzana que llegaba a ver, patios traseros invisibles al público y terrazas con piletas.

¿Hasta dónde subiría? ¿Se congelaría primero? ¿Seguiría tranquilo hasta el final?

De la nada recordó una publicidad en la televisión sobre paracaídas portátiles. En su momento le había parecido una estupidez y ahora le vendría bien uno ¿Es acaso esa la ley de oferta y demanda? No importaba realmente. De todas formas no le gustaba la gente que hacía dinero con el oportunismo de la desgracia ajena.

Un par de minutos después, ya se encontraba bastante alto y le estaba dando un poco de vértigo. Podía ver la cuadrícula de la ciudad sin problemas y le sorprendió la extensión del núcleo urbano.

A más de quinientos metros de altitud comenzó a sentirse un poco desorientado. Luchó por mantener su mente enfocada pero era casi imposible. La falta de oxígeno estaba haciendo que perdiera el conocimiento y se daba cuenta de eso.

Por primera vez desde que comenzó a elevarse, tuvo miedo.

Antes de desvanecerse observó, en el oscuro cielo nocturno, las siluetas de dos lunas en cuarto creciente.



Helio




Continuará...

Capítulo 5 - Todo lo que sube...

Claudia iba con su hija por la autopista cuando pisó el freno del auto violentamente.


-¡Usá la luz de giro, animal!

-No creo que te pueda escuchar Mamá.

-¿Pero vos viste lo que hizo?


En el fondo sabía que su hija tenía razón, pero eso no hacía disminuir su enojo ante la clase de conductores que se movían como si estuvieran manejando solos.

Los pensamientos fueron interrumpidos por la voz en la radio.


...Reiteramos: En este mismo instante, representantes de varias naciones están reunidos evaluando las medidas a tomar en referencia al objeto que, en forma intermitente, se observa en el cielo.


Las dos mujeres se quedaron en silencio, finalmente Claudia sentenció.


-Listo, por el momento no vas a volver a la facultad.

-¡Mamá, no puedo hacer eso! ¡Se vienen los finales! Si falto puedo perder todo el año.

-¡Gabriela, por favor! Ya bastante insegura es la zona donde está la universidad.

-Sabía que no tendría que haberte contado que me quisieron robar.

-Pero no es solo eso hija, es todo lo que está pasando -hizo una pausa para ordenar sus pensamientos- cuando una se va haciendo mayor espera que el mundo cambie hasta el punto de no reconocerlo. Desde hace casi un siglo que es así, lo vi pasar con tu abuela y yo me estaba preparando mentalmente para eso. Pero esto que está sucediendo es demasiado -con la última frase señala a la radio- no. no sé como tomarlo.

Hace menos de un mes un edificio en España se quedó flotando a doscientos metros de altura, la semana pasada un hombre en el centro se elevó como un globo mientras el resto de la gente le sacaba fotos.

Mirá si te pasa algo a vos. yo, yo no.


Su voz se entrecortó y no pudo evitar llorar.


Helio



-Te propongo lo siguiente Ma: Llamo a la facultad y pregunto que van a hacer. Quizás se pueden dar algunos exámenes domiciliarios o algo. Seguro que están tomando algún tipo de medidas.

-Gracias -intentó que su voz fuera lo más normal posible mientras se secaba las lágrimas- sé que es difícil lo que te estoy pidiendo.

-Me estás pidiendo que ponga en pausa mi vida porque vos tenes miedo.

-¡No es así! Me preocupo por vos ¿Qué vas a hacer si salís flotando como el hombre ese?

-Estadísticamente tengo más probabilidades de que me pise un auto a que pase eso. Un solo caso hubo acá y vos ya estás.

-¡Un sólo caso del que te enteraste! ¿O no aprendiste todavía que los noticieros son empresas con intereses propios?

-No todo es una conspiración Mamá.

-Y no todo es tan simple como una fórmula matemática.


Ambas se quedaron pensando que era imposible convencer a alguien tan cabeza dura. Nuevamente, sus pensamientos fueron interrumpidos por la radio.


Último momento: Fuentes internas nos confirman que los países reunidos han acordado enviar una nave hacia el objeto en el cielo. Lo que no podemos corroborar por el momento es si la misión va a ser tripulada o simplemente robótica.


-¿No era que la nueva Luna se veía en forma intermitente? ¿Cómo van a enviar a alguien?

-No entiendo, explicame -Claudia sabe que a su hija le apasiona la ciencia y que haciéndola hablar siempre funciona como estrategia de conciliación.

-Los que vieron el objeto en el cielo, como lo llaman, dicen que era como si hubiera dos lunas. La nuestra, la común y otra al lado. Vi algunos videos pero la calidad es era tan mala que, para ser sincera, no se veía nada.

-Hasta ahí lo entendí.

-El problema es que no es constante. Si mirás ahora al cielo, sólo se ve la Luna, no hay nada al lado. Por eso dicen que es intermitente.

-¿No puede ser que orbite a una velocidad diferente? -recordaba algunas charlas que habían tenido sobre el movimiento de los planetas.

-Si, pero eso no haría que desaparezca. Simplemente no estaría todo el tiempo al lado de la Luna.

-¿Y entonces?

-No. no lo sé. Pero me parece muy arriesgado mandar a alguien.

-Claro, te preocupás por un astronauta preparado, pero cuando yo me preocupo por vos me tratás de loca.

-¡Mamá, no empieces de nuevo!


Claudia iba a responder cuando tuvo que pisar el freno violentamente para no chocar al auto de adelante que estaba detenido.

Iba a comenzar a insultar, pero observó que todos los carriles estaban iguales.

Gabriela tomó de la mano a su madre. Claudia la miró y notó que su hija estaba observando a el resto de las personas. Todas tenían algo en común: Todas miraban hacia arriba.

Se acercaron hacia el parabrisas para observar.

Muy arriba, algo de forma casi esférica descendía lentamente.

El objeto era de color oscuro, casi negro. Pero estaba iluminado por la propia luz de la ciudad que le daba un tono fantasmagórico.


Helio



-Salí del auto, ahora -Gabriela obedeció instantáneamente.


El orbe, si bien parecía descender lentamente, era masivo. Por ese motivo dio la impresión de acelerar su velocidad cuando faltaban menos de cien metros para que llegue al pavimento.

La onda expansiva no fue grande, pero alcanzó cinco filas de automóviles hacia ambos lados.

Los automovilistas comenzaron a salir de sus vehículos para asistir a los heridos o, simplemente, para acercarse al objeto oscuro de treinta metros de altura.

Ya se había reunido una gran multitud cuando se escuchó un extraño sonido proveniente del gran meteorito.

La mayoría empezó a correr cuando, del interior de aquel gigantesco huevo, comenzó a salir una abominable criatura.



Continuará...

Capítulo 6 - Todo lo que sube. Parte 2

Las llantas de la camioneta chillaron al frenar. El gran disco satelital comenzó a elevarse mientras dos personas salían corriendo del vehículo.


-¿Tenés todo? ¿Estoy bien?

-Tengo todo y estás igual de horrible que hace cinco minutos -la antena satelital sobre la camioneta hizo un chasquido al quedar en posición.

-Muy gracioso -mientras decía esto, se colocaba el auricular de retorno en el oído izquierdo. Encendió el micrófono y respiró hondo- Estamos listos.


El camarógrafo levantó el pulgar indicándole que estaba transmitiendo.


-Buenas noches para todos. Desde la General Paz informamos en directo, para todo el país, a través del canal ocho. El único móvil presente.

-Te escuchamos claro y fuerte Rodrigo. Contanos ¿Qué es lo que se observa en el lugar?

-Buenas noches, Nadia. Como se puede observar a mis espaldas una criatura de unos diez metros de altura parece haber salido de un meteorito que.

-Perdón que te interrumpa Rodrigo ¿Estamos ante el primer contacto de vida extraterrestre?

-Es difícil de responder por el momento Nadia. Lo que es seguro es que.


La frase fue cortada por la propia criatura que emitió un grito extremadamente agudo. El periodista casi suelta el micrófono intentando taparse los oídos. Las imágenes de la cámara se sacuden dejando todo borroso.


-Todo parece indicar que estamos experimentando algunas dificultades técnicas. Esperamos que Rodrigo y su equipo se encuentren bien y a salvo.


-Cambio de canal-


-¡ÚLTIMO MOMENTO! Rusia sorprende al mundo, y a la comunidad científica, develando que el satélite enviado al espacio el jueves de la semana pasada se trataría en realidad de una nave tripulada.

Fuentes internas nos confirman que los países reunidos no tenían conocimientos de la agenda secreta comunista.

El objetivo de la misión: Nada más ni nada menos que ir hacia el objeto en el cielo.


-Cambio de Canal-


-¡Rodrigo!¿Rodrigo nos copias?

-Si Nadia, los escuchamos bien.

-¿Qué sucedió?

-La criatura, Nadia. La criatura comenzó a . aullarle a la segunda Luna que se observa en el cielo.

-¿Sabemos el motivo?

-Negativo. Comenzó a hacerlo al instante que la segunda Luna apareció. Varios aviones Mirage de la Fuerza Aérea pasaron a muy baja altura y parecen estar describiendo trayectorias circulares alrededor de la increíble criatura.


Helio



-Cambio de Canal-


-Suscribite completamente gratis y llevate de regalo tres meses a sólo $9.90 ¿Increíble, no es cierto?


-Cambio de Canal-


-La nave Rusa "???????", que significa "Encuentro", fue lanzada el jueves pasado en un operativo ultrasecreto.

Ante el reclamo de la Unidad de Países, el ministro Ruso en Londres respondió que la misión fue planificada y lanzada antes de la reunión internacional.

Estados Unidos de Norteamérica repudia la decisión, y promete fuertes sanciones al país asiático.

Simultáneamente, fuentes dentro de la agencia aeroespacial norteamericana confirman que ellos mismos estaban preparando una misión secreta.


-Cambio de Canal-


-...Nadia, reiteramos. La criatura se desplomó sobre el asfalto de la General Paz. No sabemos el motivo. Mientras, los Mirage sigue pasando a vuelo rasante sobre nuestras cabezas.

-¿Hay posibilidad de que puedas acercarte a la criatura, Rodrigo?

-Se cortó Nadia.

-Te preguntaba si había posibilidad de que te puedas acercar a la criatura.

-No creo. No creo que sea seguro todavía. Gendarmería creo un perímetro de varios metros alrededor del. animal.


-Cambio de Canal-


-Se lo dijimos una vez, se lo dijimos dos veces, se lo dijimos todos los días: Arrepiéntanse de sus pecados porque el día del juicio final ha llegado.


-Cambio de Canal-


-El habitáculo de la nave "Encuentro" es suficiente para albergar a dos tripulantes y cuenta con las comodidades básicas.

Expertos informan que el contacto con el objeto se llevará a cabo recién en el día de mañana a las 14:43 horas locales.


-Cambio de Canal-


-Nadia, nos acaba de correr del lugar la gente de gendarmería sin ningún tipo de explicación. Están vallando todo el lugar y no dejan pasar a nadie.

Pudimos llegar a ver que se estaban llevando en camiones a varias de las personas que estaban en los vehículos pero...


Helio



La señal del televisor es interrumpida. Sólo se ve el canal en estática.

El adolescente de pelo largo teñido de azul cambia de canal, pero en todos obtiene la misma estática.

Abre un chupetín y se lo pone en la boca, sin dejar de cambiar de canal cada pocos segundos. Finalmente se resigna y apaga los múltiples televisores.

Muy lento se pone de pie, agarra una mochila que tenía tirada en el suelo y baja los dos pisos del galpón abandonado. Se sube a una bicicleta y se va tarareando una vieja canción.



Continuará...

Capítulo 7 - Encuentro

En la provincia de Kyzylorda (Kazajistán), junto al río Syr Darya, a 200km al este de lo que queda del mar de Aral, un grupo de militares rusos miran atentos como un cohete Soyuz TMA-M termina la cuenta regresiva.

Veinte segundos antes del despegue se ponen en funcionamiento los motores de la primera etapa y las estructuras que lo sujetan se retiran. La nave de 7200kg se levanta perezosamente del suelo. Adentro los dos astronautas experimentan la primera aceleración.

Dos minutos después, a una altura de 46km, la torre de escape se separa, y tres kilómetros más arriba los cuatro cohetes auxiliares hacen lo mismo, formando la Cruz de Koroliov. Mientras tanto, en el cosmódromo de Baikonur, los sensores indican que el despegue fue perfecto.


Helio



El subdirector del Instituto RNII consulta con el ingeniero a cargo.


-¿Cuanto tiempo tenemos hasta que descubran el vuelo?

-El despegue es detectado casi instantáneamente, pero como ordenó el camarada, fue informado que era una misión para colocar un satélite de comunicaciones.

-Perfecto. Comuníqueme con los cosmonautas.

-Si señor -después de un breve momento- conectado.

-Alexey, Svetlana ¿Me escuchán?

-Perfectamente Sergey.

- Alexey, en cuatro días van a poder entrar en órbita del nuevo objeto. No sabemos con que se pueden encontrar. Hagan caso a sus instintos y confíen en el programa. Desde aquí los ayudaremos en todo lo posible.

-Camarada Sergey, Svetlana quiere saber a que se debió la celeridad para el despegue -Se escucha la risa de Alexey ante la falsa incriminación.


Sergey respira hondo y decide poner al día a todos los que estaban escuchando.

-En dos días hay una reunión en las Naciones Unidas para determinar las acciones a tomar con respecto al nuevo satélite. Creemos que se formará un equipo, donde los Estados Unidos van a presionar para liderar, con la intención de ir allá -Sergey hace una pausa para acomodar sus ideas- Rusia no va a quedarse relegada nuevamente. El honor de llegar primero al objeto recae en ustedes, camaradas.

-Entendido. Svetlana está sonriendo.

-Bien, es mejor para las fotos.


El subdirector del Instituto RNII le devuelve el comunicador al ingeniero y se retira a su oficina. En todo el cosmódromo de Baikonur se respiraba patriotismo como hacía tiempo no pasaba.


Día 3


El mismo día de la reunión en las Naciones Unidas, un subalterno ingresa en la oficina de Sergey con un documento.

El subdirector lee atentamente y prende el televisor.

Cambia un par de canales hasta encontrar los noticieros norteamericanos.


-¡ÚLTIMO MOMENTO! Rusia sorprende al mundo, y a la comunidad científica, develando que el satélite enviado al espacio el jueves de la semana pasada se trataría en realidad de una nave tripulada.

Fuentes internas nos confirman que los países reunidos no tenían conocimientos de la agenda secreta comunista.

El objetivo de la misión: Nada más ni nada menos que ir hacia el objeto en el cielo.


La señal del televisor es interrumpida quedando la pantalla en estática.

Suena el teléfono.

Antes de atender, Sergey mira al subalterno con una sonrisa en la boca.


-Dígale al director que todo marcha según lo planeado.


Día 5


El comandante Alexey y la piloto Svetlana dejaron atrás la Luna terrestre el día anterior. Fueron notificados que el verdadero objetivo de la misión es ahora de conocimiento público y las tensiones internacionales escalaron como no lo hacían desde la guerra fría.


-¿Qué lees Sveta?

-Practico los calculos de la transferencia Vetchinkin.


Alexey piensa unos segundos.


-¿En serio crees que vamos a poder descender?

-No tengo idea, pero si tuviéramos que hacerlo tengo que estar preparada.


Dentro del módulo espacial, la presión crece. Alexey mira una foto de Gagarin pegada en el tablero de control y se pregunta que pensó el héroe de la -en aquél entonces- Unión Soviética en sus 108 minutos alrededor del planeta.

Su reflexión es interrumpida por Svetlana, que lo llama tocándole el brazo sin separarse de la pequeña ventanilla lateral.


-¿Qué sucede?

-Es necesario que lo veas con tus propios ojos.


El comandante se pone en el lugar de la piloto y observa por la ventanilla.


-Tenemos que comunicarnos con el subdirector.


En el cosmódromo de Baikonur abren la comunicación. Sergey toma el micrófono.

-Alexey ¿Algún problema en el módulo?

-No camarada. Todos los sistemas funcionan a la perfección. Tenemos visual del cuerpo celeste.

-Excelente.

-Hay un detalle que no anticipamos subdirector: En el lado oscuro se ven luces... Parecen de ciudades.


Helio



Todos en el cosmódromo dejan de hacer sus tareas.


-Por favor repita, comandante.

-Ciudades, hay patrones de luces que sólo pueden deberse a ciudades.



Continuará...

Capítulo 8 - Apocalipsis

Las calles de la ciudad están casi vacías. La mayoría de la gente está escapando de las grandes urbes por miedo a una invasión desde la nueva Luna.

El mensaje de radio de la nave rusa se re-emitió por todas las bandas en todos los países, traducida a cientos de idiomas.


-Ciudades; hay patrones de luces que sólo pueden deberse a ciudades.


Los primeros días hubo caos, saqueos. Lo más parecido a la anarquía absoluta. Las señales de televisión habían desaparecido semanas atrás, y no pasó mucho tiempo antes de que desaparezca la Internet. La gente no estaba preparada para sentirse tan aislada nuevamente, y el terror fue tan grande que todo el avance social de la humanidad en los últimos cientos de años se deshizo en pocas horas. La ley del más fuerte volvió a prevalecer.


El sol acababa de salir por el Este, bañando de calor las calles desiertas de la urbe. En el centro de la ciudad, un viejo de barba gris caminó hacia la plaza enfrente de la casa de gobierno. Se paró sobre un banco de madera y se puso un gran cartel en el cuello en el que se leía El fin ha llegado. El viejo extendió los brazos y comenzó a recitar:


-Bienaventurados los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas en ella descrita; porque el tiempo está cerca.

Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin dijo el Señor. Que és, que era y que ha de venir, el todopoderoso.

¡Arrepiéntete, porque vendré por ti y pelearé contra ellos con la espada de mi boca!


Helio



Mientras decía la última oración señaló al cielo.

Algunas de las personas que estaban cargando sus autos para huir dejaron de hacerlo y se acercaron a escuchar al anciano. Otros lo tomaron como una señal de que debían apurarse todavía más para salir corriendo de ahí.

El hombre sobre el banco miró por primera vez a su público y, con más fuerza en la voz, prosiguió:


-He aquí una puerta abierta en el cielo: Y la primera vez que oí era como una trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube, y yo te mostraré las cosas que han de ser después de éstas.

Cuando se abrió el sexto sello, el ante último, las estrellas del cielo cayeron sobre la Tierra. Los reyes, los príncipes, los ricos y todo siervo y todo hombre libre se escondieron en las cuevas y entre los montes.


Con esa última frase señaló a todos los que seguían cargando sus cosas.

Hizo una pausa y retornó con más poder en su voz.


-¡¡Esconderos de la cara de aquél que está sentado sobre el trono y de la ira del cordero, porque el gran día de su ira ha venido!!


La cantidad de gente que escuchaba fue creciendo exponencialmente. Era tal el silencio en la ciudad que incluso los que estaban más alejados podían escucharlo perfectamente.


-Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra se fueron y el mar ya no es -el viejo volvió a levantar los brazos, señalando al cielo- Y yo vi la santa ciudad nueva que descendía del cielo, descendía de Dios. Y será Dios quien limpie toda lágrima de los ojos, y la muerte no será más. No habrá más llanto, ni clamor, ni dolor.


Sus palabras resonaron en toda la plaza, y el silencio era tal que se podía escuchar como el viento movía las hojas.


Helio



El viejo miró al cielo, al nuevo mundo que pendía sobre sus cabezas que, como si estuviera programado, comenzó a subir a la bóveda celeste. La gente del público comenzó a arrodillarse, algunos incluso a rezar. Otros se quedaron tan asombrados que no se atrevieron a moverse; pero ninguno de ellos escapó, porque sentían que su lugar era ese.

El hombre se elevó al cielo hasta que una nube lo ocultó.


Muy arriba, la nueva Luna se veía nítida como nunca lo había hecho antes. La gente en la plaza se quedó mirándola, pero sus expresiones cambiaron de contemplación al terror cuando ambas lunas parecieron superponerse. Aterrados, observaron como nuestro satélite original se partía en dos, con la mitad más cercana al nuevo cuerpo celeste partiéndose a su vez en mil pedazos más pequeños.


Por un breve instante, todos en la plaza sintieron su cuerpo más liviano. Hasta el punto de comenzar a elevarse unos pocos centímetros del suelo.

El efecto no duró mucho y todos volvieron al piso nuevamente. Cualquiera que haya sido el nivel de su fe hasta ese momento, no impidió que salgan corriendo en todas direcciones.

Minutos después, cuando la plaza ya estaba completamente vacía, el cuerpo de un viejo con barba gris golpeó el asfalto con tanta violencia que poco quedó para reconocerlo.



Continuará...

Capítulo 9 - Simón

Dos semanas habían pasado desde que las lunas chocaron. Simón era uno de los pocos que se había negado a abandonar su vivienda, que constaba en un minúsculo departamento de dos ambientes que parecía más pequeño debido a la cantidad de libros que coleccionaba.

Tantos años juntando ejemplares que le parecían únicos, no iba a abandonarlos. Miraba por la ventana como el resto de sus vecinos huían apresurados dejando la mayoría de sus pertenencias detrás. Pertenencias que, vale aclarar, hasta hace unos meses se vanagloriaban de tener. Para Simón sus libros eran todo, eran parte incluso de él. No podía dejarlos atrás de la misma forma que no podría dejar un brazo o una pierna.

Su mente viajó dos semanas al pasado, cuando las lunas chocaron. El impacto pudo sentirse como un leve sismo en la Tierra. Simón subió corriendo a la terraza para observar mejor, y con horror contempló como el satélite original del planeta se convertía en millones de pedazos.

Los que hasta ese momento no se habían convencido de huir, comenzaron a cargar sus vehículos apresuradamente. Simón fue testigo cuando, de la nada, las calles comenzaron a llenarse de agua. La cantidad de líquido continuó incrementando a un paso acelerado. Era tan rápida la crecida que la mayoría quedó atrapada en medio del escape. Los más rápidos lograron irse a tiempo, la mayoría abortó la huida y regresó a su departamento. Sólo unos pocos obstinados continuaron haciendo caso omiso y pagaron con su vida la tozudez. En poco más de cinco horas el agua había llegando al primer piso. Seis horas más tarde, alcanzó su punto máximo pocos centímetros arriba del segundo piso. Simón no se sintió seguro, ni siquiera porque vivía en un departamento en el séptimo piso (arriba suyo solo estaba la terraza).


Helio



Doce horas después, las aguas se retiraron nuevamente. Muchos aprovecharon para salir corriendo. Pronto se dio cuenta que la huida era a pie porque ya no quedaban vehículos que pudieran funcionar.

Hoy, a dos semanas de esos hechos, no quedaba nadie a cuadras de distancia de Simón. Sinceramente a él no le importaba mucho. Pasaba su tiempo leyendo y buscando en los departamentos abandonados de sus vecinos comida no perecedera. Por el momento le iba bien.

Una noche notó que los remanentes de nuestro satélite original se estaban acomodando, poco a poco, en un anillo alrededor del planeta. Probablemente tardaría años en terminar de formarse, pero era un espectáculo que jamás imaginó que contemplaría.

El deterioro de la ciudad se hizo presente con el correr de los días. Las estructuras no estaban preparadas para estar sumergidas la mitad del día. Las calles se agrietaron y los árboles se resecaron tornándose poco a poco a un color blanco. Probablemente debido al salitre que iba dejando a su paso el mar.

Simón se dio cuenta que incluso los animales huyeron. Probablemente no por la falta de alimento, ya que no era raro ver pasar con la marea cadáveres de mascotas (en el mejor de los casos). Pero el sedimento sódico que se iba acumulando les lastimaba las patas. Incluso las aves evitaban posarse en cualquier cosa que este bajo el nivel del segundo piso.

Varios días más tarde (Simón no tenía idea de cuantos) volvió a escuchar indicios de vida a su alrededor. Motos de agua pasaban por las calles a gran velocidad, paraban en algunos edificios y sus conductores entraban por las ventanas. Varios minutos después desaparecían de la misma manera.

Una tarde, mientras Simón estaba intentando concentrarse en la lectura a pesar del ruido de esas endemoniadas motos, escuchó un sonido en el pasillo afuera de su departamento. Eso era nuevo, y sin pensarlo cerró el libro y abrió la puerta. Saliendo de la unidad opuesta había un adolescente que se petrificó al verlo.


-¡Por favor señor, no dispare! Sólo soy un carroñero.


Simón miró su mano. La supuesta arma era tan sólo el canto del libro que la mente del niño había transformado en un arma ¿Tan loco se había vuelto el mundo?


-¿Un carroñero? ¿Qué sería eso? -aprovechó que el muchacho tenía la guardia baja para indagar.

-Recolectamos artículos abandonados para venderlos en las ferias.

-¿Ferias? ¿Dónde se arman.


Pero no terminó la pregunta, el joven salió corriendo tan rápido que Simón a penas lo vio desaparecer escaleras abajo.

Al parecer la gente estaba rehaciendo su vida en el oeste. Alejados de las ciudades costeras. Tenía sentido si se lo pensaba.

Simón volvió a su departamento y contempló la situación: la comida iba a terminarse tarde o temprano. Antes si estos carroñeros saqueaban. competían con él.

Buscó en el ropero la mochila de trekking que se había comprado casi una década atrás. La sacó de la funda y la desplegó por primera vez. Observó con satisfacción que podría llevarse una buena cantidad de libros ahí.

Seleccionó aquellos que tenían un valor especial para él, algunas primeras ediciones. Finalmente seleccionó los que consideraba los mejores libros de física y química. Esos serían de utilidad si la civilización había retrocedido demasiado ante esta situación. Se acercó a la puerta y tomó de la mesa las llaves y el celular en un gesto automático. El celular ¿Hace cuanto que no funcionaban? Probablemente desde que los satélites no estaban en operación. El mismo tiempo en que la televisión dejó de funcionar.

Poco se sabía lo que pasaba en el resto del mundo ¿Estarían igual? ¿Mejor? ¿Peor? ¿La humanidad se abría unido o cada uno tendría que valerse por si mismo?

Pronto lo descubriría.

Abrió la puerta de su departamento para finalmente abandonarlo, cuando el celular en su bolsillo comenzó a vibrar impacientemente.

Simón ni sabía que el aparato tenía batería suficiente para hacer eso. Sacó el dispositivo del bolsillo y vio que mostraba la pantalla en estática.


Helio



En el departamento de enfrente, donde aquel muchacho había entrado, el televisor en el piso mostraba la misma imagen. Lo increíble era que el cable de corriente ni siquiera estaba enchufado a la pared.

La imagen de estática finalmente desapareció, y en pantalla apareció una cara: Un rostro que le resultó familiar.



Continuará...

Capítulo 10 - Un Nuevo Mundo

Simón contempló el rostro en la pantalla de su celular unos segundos. Los suficientes para identificar a la persona: Era el rey de España ¿Qué hacía ahí? ¿Y como había logrado mandar el mensaje? Pero cuando el rey comenzó a dar su discurso Simón notó algo extraño: Había algo que parecía artificial.

No tardó mucho en darse cuenta que el rostro de Felipe VI permanecía totalmente inmóvil y que lo único que se movía era su boca.

El mensaje, en voz monótona, comunicaba un anuncio conciliador.


Helio



-Saludos habitantes del tercer planeta. Lamentamos mucho los inconvenientes que les hemos ocasionado, no fueron nuestra intención.

Provenimos de un sistema solar que está a sólo... 80 millones de años luz de aquí. Nuestra estrella está en sus últimas etapas antes de colapsar sobre si misma a causa de la gravedad, dejando el sistema inviable para nuestra subsistencia. A lo largo de nuestra historia llegamos a habitar tres de los doce planetas de nuestro sistema solar. Debido al inminente colapso de nuestro. Sol (a veces parecía que se detenía para buscar ciertas palabras en nuestro idioma) decidimos elegir tres sistemas cercanos los cuales tendrían altas... probabilidades de poder sustentarnos. Se asignó un destino a cada planeta y fueron trasladados.

El planeta que observan en sus cielos corresponde a la primer colonia (dice un nombre completamente inentendible) con una población de 25 mil millones de habitantes en sus dos niveles.

Si bien teníamos conocimiento de la cantidad y composición de planetas de su sistema solar, no conocíamos el desarrollo de vida existente. Durante los pasados meses hemos estado. recomponiendo nuestro mundo. Sólo una vez finalizado el procedimiento hemos sido capaces de investigar su mundo y ser... conscientes de los daños ocasionados.

Nuevamente les pedimos disculpas por eso.

Nuestro primer objetivo es alejar nuestro planeta lo suficiente para equiparar los efectos que su satélite natural tenía en su mundo. Una vez logrado eso, enviaremos la ayuda necesaria para recomponer los daños.

No hemos venido a... quitarles su lugar. Somos. expatriados que tan solo buscan un lugar en el cosmos donde quedarse.

Esperamos que nuestra estadía no... los incomode y podamos ayudarnos mutuamente, creando un. futuro donde ambos mundos crezcan.


El rey de España sonrió a cámara y la pantalla volvió a mostrar estática.

Simón se preguntó que nación sería la primera en responder. Cerró la puerta de su departamento y caminó por el pasillo sin volver a mirar atrás.


Cinco días después, a las orillas del mar de Aral, un grupo de militares rusos observaban atónitos como la cápsula habitable del cohete Soyuz TMA-M despliega su paracaídas principal de frenado.

Cuando la cápsula toca el suelo ya había una gran comitiva a su alrededor. La escotilla fue abierta desde adentro, y para la mirada de todos fue la piloto Svetlana la que descendió de la cápsula, seguida por el comandante Alexey. Sergey, el subdirector del Instituto RNII, corrió hacia ellos al reconocerlos. Los tres se fundieron en un abrazo.


-Bienvenidos camaradas -logró decir entre lágrimas el subdirector.


El regreso de los cosmonautas pronto se re-emitió por todos los medios disponibles, y el planeta pareció recuperar la esperanza que había perdido en los últimos meses.

Durante el transcurso del primer semestre después del mensaje, el nuevo satélite cumplió su parte: poco a poco se fue alejando hasta colocarse a una distancia de casi 800.000 km. En el medio de ambos cuerpos, los restos de nuestra Luna original estaban formando un brillante sistema de anillos.


Helio



En el mismo lapso de tiempo, las Naciones Unidas lograron volver a reunir a sus mandatarios y se determinó que sea la ESA (Agencia Espacial Europea) la encargada de responder al mensaje.

El propio Felipe VI grabó la respuesta donde, por primera vez, los habitantes de la Tierra parecían estar todos de acuerdo.


En la conmemoración del penta-centenario de la llegada del nuevo mundo, los habitantes de todo el sistema solar se sumergieron en festejos. El planeta "Helio" (Tal fue la denominación que, cariñosamente, tomaron los exiliados) fue el centro de la festividades. La Tierra, Marte, Titán (la luna de Saturno), Calisto y Europa (ambas lunas de Júpiter) no se quedaron atrás.

Dos diferentes sistemas solares, a millones de años luz del nuestro, también mandaron por mensajes hiperespaciales sus saludos.



Fin